¿Marcha por la familia natural en Bolivia?

Por: el 15 Junio, 2016

En Bolivia, se gestan marchas contra la reciente ley de Identidad de género, aprobada en la Asamblea Plurinacional con más de 2/3 de representantes a favor. La iglesia católica y evangélica, hoy más cerca que nunca una de la otra, son las portavoces en defensa de lo que ellos llaman “marcha en defensa de la familia natural”, asegurando que con la nueva ley de identidad de género, que permitirá el cambio de nombre y dato del sexo en los documentos de identidad a las personas transexuales, se violan los derechos de quienes no son parte de las diversidades sexuales, y que detrás de la ley se esconden otros “oscuros” intereses; como legalizar matrimonios homosexuales y pervertir a la sociedad. Por si fuera poco -como si la santa inquisición y las religiones fuesen oriundas de Latinoamérica- afirman que se trata de una ley colonial que viola las leyes divinas de Dios.

El Comité Pro-Santa Cruz, una institución que debería defender los derechos de los ciudadanos a los que supuestamente representa y luchar contra la posible corrupción en la Alcaldía -que ya varios motivos hay para hacerlo- ha decidido apoyar la marcha contra la ley de identidad de género. ¿Cómo entender estas alianzas? Lo primero que debemos tomar en cuenta es, que tanto las Iglesias a nivel mundial, como las instituciones cruceñas a nivel local, se encuentran hoy en una situación de representación precaria y como consecuencia han dejado de ser representantes de la fe y de la llamada cruceñidad respectivamente. Son más bien representantes de la doble moral y de las secuelas del machismo, racismo y la discriminación heredados desde tiempos remotos.

57599729d1c44.r_1465489224909.145-51-1266-632En el caso de las iglesias, son instituciones que acolchonan el machismo de las sociedades del Siglo XXI, llaman a sus fanáticos a arrepentirse de sus pecados -cualquiera sea este- cada domingo con una simple oración o una gorda ofrenda económica. En el caso del Comité Pro-Santa Cruz, es una institución que de manera desesperada busca visibilidad en un espacio político donde ya no tiene cabida y donde el regionalismo de la derecha ya no es una buena herramienta política.

La defensa de las dos instituciones más decadentes, que hacen posible el sistema de dominación y de poder patriarcal; la familia y el matrimonio, estableciendo la heterosexualidad obligatoria para hombres y el mandato de la función productiva y reproductiva para mujeres, son los resabios más violentos de la colonia. Esa defensa no puede generar otra cosa más que odio e intolerancia a quienes vivimos por fuera de esos límites; homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, feministas, etc.

575d77ddc461881e698b4592Hemos visto con horror, días atrás, como estos sentimientos de odio e intolerancia sembrados en un ser, han logrado una masacre de casi 50 personas en una discoteca gay de Orlando-Estado Unidos. ¿Cómo asimilamos ese hecho, cómo nos explicamos este fenómeno tan cotidiano como la matanza y asesinato de mujeres, transexuales y personas homosexuales que quedan en mera impunidad en los juzgados? ¿Creen que la masacre de Orlando no podría ser en Bolivia? ¿Creen que las golpizas a chicos homosexuales o el asesinato de personas transexuales son casualidades en nuestro país?

No es posible entender estos crímenes como hechos aislados, o como producto de desviaciones mentales, los violentos son personas conscientes y sus acciones son intencionales. Es importante mencionar lo que se oculta detrás de la violencia y crueldad de estos hechos tan aberrantes, que son la inyección neurótica de posturas, por parte de grupos fanáticos e inflexibles respecto a doctrinas religiosas, que vienen generando discursos y actitudes de odio hacia las diferencias afectivas y sexuales.

¿No es posible darse cuenta del grado de violencia que supone, ver una masa de personas marchando en contra de una ley que promueve derechos humanos fundamentales para el progreso social de nuestro país? ¿Por qué defender la supuesta “familia natural” a pesar de que ese modelo de familia son las menos democráticas y constituyen los escenarios de violencia machista más recurrentes en el día a día? ¿Por qué invalidar la existencia -porque hay muchísimas, quizá la mayoría- de familias compuestas sólo por una madre, o en todo caso dos padres llenos de amor y compromiso con sus seres queridos?

La sexualidad, el afecto, y el derecho a llamarnos como mejor nos parezca no está discusión, la voz de la iglesia no es un interlocutor válido en este debate, y menos la complicidad de medios de comunicación que invitan a activistas y personas transexuales para entrevistas engañosas, manipuladoras y de intereses amarillistas.

¡Digamos NO a la marcha que promueve el odio y la intolerancia, por ser una muestra de ignorancia y deshumanización!

Periodista Virtual. Christian Daniel Eguez. chistianlook@gmail.com

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