Tierney Thomison, cuenta su experiencia en el Centro San Isidro

Por: el 26 junio, 2017

Mi trabajo voluntario en el Centro San Isidro, espacio que se desarrolla en una de las ciudadelas populosas de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, denominada; Plan 3000, me ha dado la oportunidad de sintetizar  conceptos de la ecopsicología en una realidad dentro de este barrio. Mis experiencias me han permitido hablar extensamente con otros voluntarios, el Director y los padres que participan activamente en la comunidad. La penetración en estas perspectivas me ha demostrado que el centro está inculcando el cambio social en las vidas de los vecinos, así como proporcionar un ambiente estable y nutritivo para los niños que vienen por una opción para aprender después de la escuela.

Centro San Isidro y Los Niños   

El Centro San Isidro es visto como muy importante en la comunidad, especialmente para los niños que vienen. El Centro ofrece un lugar alternativo además de la escuela para aprender e interactuar en un ambiente donde su participación es totalmente voluntaria. Como parte de la misión del Centro para el desarrollo humano sostenible, los niños tienen la oportunidad de aprender inglés, alemán, habilidades de comunicación, valores sociales, arte, deportes y cuidado del medio ambiente. El Centro ofrece muchas actividades y oportunidades a través de estos aspectos y ve la educación como algo de  mayor importancia, porque crecerán para ser el futuro. Ya en esta edad joven, el Centro quiere inculcar experiencias positivas y significativas que se quedarán con los niños a medida que envejecen. En apoyo de los fundamentos de ecopsicología, el Centro fomenta una sensación de atención en aspectos ambientales, así como en contextos sociales y culturales.

Entre estos valores está la conciencia del medio ambiente y la necesidad de cuidarla. El centro promueve estilos de vida ambientalmente sostenibles entre los niños, así como entre los padres de la vecindad. Todos los sábados, los estudiantes de una universidad local acuden al Centro para realizar actividades de sensibilización ambiental con los niños. Esta consistencia en las mentes jóvenes de los niños aumenta sus interacciones con el medio ambiente en general, así como dentro del entorno de su propio vecindario. Actividades tales como hacer sus propios contenedores de reciclaje, salir a recoger basura en las calles, o lluvia de ideas sobre maneras de conservar el agua permiten a los niños a pensar en lo que pueden hacer a nivel individual, pero como un grupo colectivo. El carácter voluntario de estas clases es también poderoso en sí mismo, ya que los niños por  su propia voluntad quieren aprender y jugar juntos.

En mis experiencias con el voluntariado, los niños esperan  salir más a la cancha. Les encanta salir a jugar o hacer una actividad, pero su favorita es definitivamente el fútbol. El fútbol, ​​o “fútbol social”, es una gran parte de la historia en el Centro. La visión del Centro de fútbol es una oportunidad de aprender unos de otros, así como el propio juego. En contraste con el fútbol normal, que es popularmente visto como una competencia, con las personas unos contra otros, el fútbol social sólo implica jugar con los demás, a pesar de que todavía hay dos equipos. El fútbol social se divide en tres partes: la oportunidad para cada individuo de sugerir y establecer reglas, el juego real del juego y un período de reflexión al final. El período de reflexión es un tiempo para aprender y ser consciente de cómo se llevó a cabo el juego y comunicarse entre el grupo sobre momentos en el juego.

El fútbol no es el único deporte que puede tener implicaciones sociales, como me dijo el Director, Juan Pablo. Los deportes son un método de enseñar lecciones de vida en un contexto donde los niños pueden aprender  hacer algo que aman. Esta es otra manera que el Centro San Isidro está fomentando la atención plena y la conciencia dentro del contexto de las interacciones sociales. En lugar de ser una especie de campo aislado para la competencia, el campo se convierte en una extensión de la vida cotidiana, una extensión de las clases que los niños asisten en el Centro.

Sobre todo, el Centro apoya las relaciones entre los niños, así como ayuda a desarrollar un sentido de lugar y posicionamiento social a través de la atención plena y las interacciones entre sí. Las mentes de los niños son muy abiertas y todavía llenas de curiosidad de cómo funciona el mundo. El fomento de este tipo de conciencia ecopsicológica tan temprano en la vida es una excelente estrategia, ya que los niños sólo crecerán y esperanzadamente llevarán estos mensajes con ellos a medida que se conviertan en los líderes de la próxima generación. Además, incluso el simple hecho de que el Centro permita una conexión con el entorno en un entorno de grupo, ya sea el jardín comunitario o la cancha, ayuda a desarrollar un sentido de lugar. Centro San Isidro ofrece esta oportunidad única a los niños y es un ejemplo de una organización que tiene una pasión para transformar, comenzando con las mentes más jóvenes y más abiertas.

Centro San Isidro y Los Vecinos

Además de sus valores de educar  las mentes jóvenes, el Centro San Isidro trabaja a nivel administrativo para invocar el cambio en las vidas de las familias que viven en el barrio. Se trata de un esfuerzo colectivo para potenciar la eficacia de las acciones de los vecinos. Como ha dicho Juan Pablo, es necesario una conciencia común entre la comunidad para tener un cambio positivo, especialmente en lo que se refiere al medio ambiente. Al igual que con los niños, el Centro San Isidro promueve un mensaje de que el medio ambiente debe ser cuidado como una manera de desarrollar un estilo de vida sustentable y saludable. Las reuniones entre los vecinos, el consejo de vecindad, así como nuevas organizaciones como el Club de Madres, son métodos para que la gente pueda colaborar y comunicarse sobre estos cambios. Así, los vecinos se unen para animarse mutuamente a establecer una relación sana y recíproca con la naturaleza. El Centro San Isidro provee un espacio para que estas conexiones relacionales se hagan, ofreciendo otros eventos tales como visualizaciones documentales, lecturas de literatura, conciertos y otros tipos de actividades para la participación de la comunidad.

Otro aspecto importante son los barrios canchas, otro espacio donde se anima la participación comunitaria. Las canchas se utilizan para albergar partidos de barrio, juegos de fútbol y parrilladas, y son altamente valorados por estas razones. Con este valor viene el esfuerzo colectivo de cuidar las canchas, además de las áreas verdes protegidas. El Centro San Isidro emplea entonces otra técnica ecopsicológica que alienta al mismo tiempo el respeto y el cuidado del medio ambiente mediante la construcción de un sentido de comunidad a través de un sentido de lugar y pertenencia. Este tipo de orientación permite una red de comunicación y una especie de regulación comunitaria en lugar de una mayor fuerza de control, por lo que estas acciones se realizan de manera autónoma. Sin embargo, con el estímulo del Centro San Isidro y las alianzas con organizaciones como el Club de Madres, existe una especie de presión comunal para respetar el medio ambiente que luego refuerza la colaboración positiva entre los vecinos.  El Centro de San Isidro también ha utilizado métodos más directos para alentar una conexión con la naturaleza, como un proyecto comunitario en el que cada hogar recibió un árbol para cuidar. Los árboles estaban en la exhibición y fue visible para todos los vecinos  verlos, así la presión comunal para cuidar  surgió una vez más.

En una conversación con la Señora Rosario, miembro del Club de Madres de San Isidro , además de oficial de salud y educación para el barrio, expresó la importancia de cómo mantener un estilo de vida saludable; El medio ambiente también debe ser saludable. Esto resuena con la visión ecológica de que la persona y el lugar son inseparables y tienen una existencia recíproca. Por lo tanto, esta relación no puede ser unilateral como lo ha sido en el pasado. El Club de Madres trabaja para comunicarse directamente con los vecinos y fomentar la conversación sobre el estado del barrio. De esta manera, como señaló la Señora Rosario, no hay necesidad de protestar porque hay personas que quieren escuchar los pensamientos de aquellos que quieren ser escuchados. La conciencia colectiva en el barrio ha llevado a los vecinos a estar conscientes no sólo de su entorno, sino de los demás.

Aunque ha habido muchos cambios positivos debido al trabajo del Centro San Isidro, todavía hay personas que no entienden completamente la importancia de la sostenibilidad ambiental. El centro valora altamente la participación voluntaria en eventos que les permiten involucrarse en un ciclo de conexión que refuerza el comportamiento sostenible, sin embargo, para poder participar los vecinos deben primero tener algún tipo de valor o significado invertido en la actividad. Es por eso que el trabajo del centro y del Club de Madres trabaja para difundir la conciencia y mostrar a los vecinos no sólo por qué debemos cuidar el mundo natural, sino que  somos parte de él y puede servir para ayudarnos como bien. La satisfacción psicológica de la necesidad puede ser utilizada aquí como una herramienta para elaborar sobre los beneficios que el mundo natural tiene que ofrecer que no implican su explotación.

El Centro San Isidro también utiliza sus relaciones con otros Centros culturales para mejorar su mensaje y sus valores. Las organizaciones aquí en Bolivia, así como las conexiones con grupos internacionales, permiten al Centro ofrecer oportunidades únicas para que las familias que viven en el vecindario formen parte de una red de intercambio social, cultural, político, económico, ambiental y artístico. El Centro, que empezó como un grupo de individuos que reconoció el poder de la acción colectiva, ha venido a irradiar con una pasión que continúa transformando las vidas que lo encuentran para un modo de vida más sostenible.

 

P.V. Tierney Thomison

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