Recuperemos la ciudad.

Por: el 13 Julio, 2017

El Estado – en sus diferentes niveles – poco o casi nada toma en cuenta, considera o acepta las sugerencias de experiencias de la sociedad civil para reducir los índices de violencia. Esta desunión no puede darse cuando todas y todos vivimos los mismos problemas que ya han carcomido y transgredido nuestra paz colectiva.

¿En qué quedan las cumbres de seguridad ciudadana? ¿en qué quedan los compromisos y acuerdos entre diferentes sectores? ¿Cuándo se tomarán en serio que construir ciudadanía implica que esos acuerdos y resultados, esas experiencias de gestión ciudadana, entre otros, sean puestos en práctica y asumidos como políticas estratégicas que aportan a la construcción de una sociedad inclusiva, menos violenta y que respete los derechos de sus ciudadanas y ciudadanos?.

En cada hecho violento vemos la triste desventaja en la que actúa la institución policial – con personal sin el equipamiento mínimo para proceder; con improvisaciones en la reacción cuando se genera un hecho violento y se enfrentan a delincuentes que tienen más armas que el mismo “Rambo”-. Pero, cuando la policía hace su trabajo atrapando a los ladrones, asesinos, etc etc, la justicia hace su propio negocio que es tema de otro análisis.

También tenemos grandes problemas y falencias en los sistemas de control y de inteligencia en las fronteras o, ¿cómo es que entrar a delinquir súbditos extranjeros con largos prontuarios delictivos? (ello no implica estigmatizar a cualquier persona bajo sospecha o poner más trabas burocráticas, más bien ir con el discurso de “libre circulación”). No tenemos un buen registro de datos en fronteras ni damos las condiciones para el extranjero y a nuestros propios coterráneos.

Otra vez somos testigos de hechos violentos, de asaltos de grupos armados y, al sensacionalismo de los medios de comunicación masiva, nos hemos sumado nosotros y nosotras con nuestros celulares (con los mensajes por whatsapp, por Facebook, Instagram) que si bien permiten alertar o comunicar algún hecho, también provocan miedo, desazón, tristeza e inseguridad, llegando a la confusión cuando su uso es irresponsable.

No todo es cemento, señores. Hay que tomarse en serio esta situación de nuestra seguridad, de nuestro “vivir bien”. Ya dice ahí el dicho “Una ciudad segura no es la que tiene más policías patrullando sus calles”. Tenemos que recuperar la ciudad, hacerla más segura y ello no quiere decir que pongamos más cámaras de seguridad para que la ciudad esté libre de delitos, sino que exista el compromiso de sus autoridades de trabajar conjuntamente entre todas y todos.

La cuestión es que esta es una realidad que se va complejizando. Hemos pasado de la aldea tranquila a la urbe violenta, desorganizada, sin planificación y que sus problemas están ahondando más las brechas de pobreza e inequidad que va cobrando factura día a día. Aquí hacen faltan programas sociales, educación ciudadana, educación de calidad, generación de oportunidades y fuentes de empleo. No basta con poner cemento a todo. Es necesario construir una sociedad segura, a “escala humana”.

Que no nos afecte el miedo en nuestra estabilidad emocional, ni la angustia, ni la ansiedad.

P.V.  Fernando Figueroa
Foto. Fernando Figueroa

 

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