Acoso sexual en el congreso sobre trata y tráfico de personas

Por: el 3 noviembre, 2017

Habíamos viajado tres personas desde Santa Cruz hasta Sucre, con el objetivo de participar en el congreso de jóvenes sobre trata y tráfico de personas “No trates conmigo” que se llevó adelante el 27 y 28 de octubre del presente año. Llegamos una noche antes.

Nos instalamos en la Villa Bolivariana, mi compañera en una habitación y yo en otra. La repartición de las habitaciones se dio bajo la lógica de siempre: hombres en un lugar y mujeres en otro. Esa noche en mi recamara -con capacidad para ocho personas-, sólo dormimos un joven peruano llamado Manuel, bastante buena onda, oriundo de la selva peruana Iquitos, y yo un joven abiertamente homosexual, activista de la disidencia sexual y acostumbrado a realizar intervenciones sexuales en el espacio público, travestido con ropas extravagantes.

Promediando las 6:30 de la mañana la puerta de la habitación fue invadida por la presencia de una manada de hombres entusiastas, que entraron cual caballos galopando con desenfreno, resonando una bulla molesta y poniendo a todo volumen una serie de canciones que intercalaban el reggaetón y folklore tarijeño. Así es, eran parte de la delegación de Tarija. Uno de ellos se dirigió al compañero peruano para preguntarle si habían asistido al evento chicas guapas del Perú, es lo que escuché desde mi cama mientras maldecía la falta de respeto de aquellos apandillados bullangueros que me habían quitado el sueño de manera brusca y atrevida. Desde ese momento supe que algo no iba a salir bien de aquel congreso.

La jornada transcurrió entre un sinfín de palabras de bienvenida de los más múltiples organizadores, invitados e invitadas y también hubo ponencias, exposiciones y disertaciones de las cuales es necesario apuntar la de Martina Pino de la Unión Europea, Andrés Sunesson – Embajador temático de Suecia, el Senador del MAS Giovani Alfonsín Carlo, el Director general de la dirección de trata y tráfico de personas el Teniente Coronel Mario Medina Ordoñes, José Rocha del CONBOJUV, y así también asistieron las representantes de ObservaLaTrata (México y Argentina) y UNICEF. Las súper ausencias fueron del Ministro de Gobierno Carlos Romero y del Alcalde de Sucre Iván Arcienaga.

El primer día del congreso estuvo teñido por una abrumadora participación de jóvenes, muchos con visiones bastante conservadoras y retrógradas sobre la prostitución, otros bastante certeros, con entusiasmo y criticidad. En el primer panel integrado por jóvenes se reafirmó que los “valores de familia” eran una gran vía para solucionar los problemas de la sociedad, y una de las panelistas aludió a las “familias disfuncionales” como un gran problema que lleva a la trata y tráfico de personas. Todo muy cuestionable, evidentemente con falta de visión, pero los momentos más calientes eran cuando se interpelaba a las autoridades presentes, sobre todo al senador y a las instancias dependientes de la alcaldía y la gobernación, algo que no se hacía desde un panel sino desde la plenaria abierta y directa del auditorio.

En la noche volvimos a las habitaciones, pero con el plan de cambiar de habitación para que mis amigas y yo estuviésemos juntas en un solo cuarto porque algo me decía que no iba a soportar convivir con aquellos muchachos bullangueros e hilarantes, y decidí escapar del lugar. Le pedí a Raquel que me ayudara a trasladar mis cosas, entre ropa y frazadas, y ella aceptó con gusto. A los tres segundos que puso un pie en la habitación fue acosada de la siguiente manera por uno de los integrantes de la delegación tarijeña:

– Oye qué te llamas, de dónde eres (¿?)

– Soy de Santa Cruz

– Ya que él se va a ir, vos quedate aquí a dormir conmigo, ¿tenés novio?

– Tengo novio…

– Pero eso nunca va a ser un impedimento para mí

Decidí interrumpir la escena para expresarle al sátrapa que lo que estaba haciendo era un acto de acoso sexual; vi a mi amiga alejada, había retrocedido hacia la puerta porque claramente se sintió agredida, y al acosador que lleva por nombre David Delgado, mirándola de pies a cabeza. El muchacho empezó a reír con un tono de macho triunfador mientras Raquel expresaba que se sentía incómoda. Nos salimos rápidamente con la humillación tatuada en el alma.

Ya en nuestra habitación desatamos nuestros nudos de la garganta y empezamos a planear una intervención al congreso, sólo había que esperar el momento adecuado. Al día siguiente con los ánimos todavía ardiendo, antes del mediodía, nuestra compañera interrumpió el programa del evento, expresó en público lo sucedido y luego quebró en llanto: No necesito que me vean como una víctima, no quiero las disculpas del chico, me sentí muy incómoda y paralizada, y creo que esas cosas no deberían tener lugar en un evento como este – fueron algunas de sus palabras.

En un intento de alianza con ella, una mujer joven, dedicada al teatro y estudiante de sociología, y yo un activista marica que se encontraba transformado al puro estilo travesti-bizarro y entrevistando a algunos invitados y asistentes para comentarles sobre lo sucedido y así obtener algunas opiniones al respecto, decidimos realizar esa acción, interrumpir el programa del congreso, desmontar su estructura políticamente correcta e intervenirlo con una acción llena de empute y que terminó descontrolando por completo el congreso y dio fin a la primera mitad de jornada.

Algunas personas quedaron inquietas luego del quilombo montado en las redes sociales, donde me expreso con menos diplomacia y con mayor empute y desagravio sobre lo sucedido. Me reclaman que no debo generalizar la actitud de los tarijeños y que no debo faltar al respeto, pero que apoyan la acción que hicimos: haber denunciado el acoso públicamente en plenaria y haber rechazado dirigir una de las siete mesas de trabajo que se nos habían pedido, y por tal razón es importante decir:

Primera cosa. Nuestra compañera se descompuso en pleno escenario, y al terminar su intervención una serie de invitadas, ponentes, activistas, funcionarias de ONGs se acercaron a ella para brindarles su apoyo; incluso la representante del Capítulo de derechos humanos de Bolivia, institución que había invitado al grupo de tarijeños del cual formaba parte el acosador, se acercó a nosotras para decirnos que iban a conversar con el muchacho e incluso denunciarlo.

Segunda cosa. Nosotras decidimos abandonar el congreso porque no había ánimos ni fuerzas para seguir; habíamos dormido con ese trago amargo, con esa rabia e impotencia acumulada, con nuestra amiga humillada, y no estábamos dispuestas a quedarnos hasta el final.

Tercera cosa. Haber dejado en claro que no se puede construir nada, ni una propuesta que sirva de algo en torno a la trata y tráfico si no tenemos trabajado temas tan básicos como la violencia machista fue nuestro aporte al congreso.

Cuarta cosa. Personalmente no me importa si alguien se ofende con esto, si esto afecta a sus sentimientos regionalistas-patrióticos es problema de cada uno y por supuesto que esa no es la intención. No creemos en la representación, creemos que hay que cuestionar la representación; por eso dejamos claro que hay que poner menos énfasis en hacer pleitesía a las autoridades asistentes o a las representantes del financiamiento internacional y echar más ojo en quiénes son los y las que participan de este tipo de eventos; crear filtros, abrir inscripciones públicas, con preguntas claves. Es importante empezar a reflexionar en torno a lo que llaman “representación” y empezar a decir que en realidad es usurpación: ser gay, ser joven, ser hombre, ser mujer, ser negro o ser indígena no determinan nada; también se puede ser machista, homofóbico o acosador sexual. Por eso estamos convencidas de que más placenteras son las alianzas, los revolcones y las luchas promiscuas donde maricas, feministas, funcionarias, barrenderos, prostitutas, activistas y otras subjetividades podamos mirar hacia un mismo horizonte político más allá de pertenecer a Tarija, Santa Cruz o Tangamandapio.

Quinta cosa. Se trataba de un congreso de “jóvenes”, esto no puede quedarse como un mero retorcijón etario. Ese cuento de que por ser joven tienes la capacidad de cuestionar una serie de opresiones es mentira; la participación política, y no hablemos solamente de los y las jóvenes, sino de la mayoría de los sectores sociales, hoy en día viven un mediocridad generalizada, incapaces de trazar en sus luchas un enfoque de género que haga frente a las actitudes machistas al interior de sus organizaciones. Lo que sí es verdad es que un acto de acoso sexual no tiene y no debe tener lugar en un espacio donde se pretenda hablar de un tema tan importante como la violencia extrema que genera la trata y tráfico en tanto prostitución, en tanto explotación, en tanto el exterminio de la libertad.

Sexta y última cosa. Somos unas histéricas por siempre, con orgullo y ganas, pero no somos unas exageradas. Que el acosador haya expresado a nuestra compañera “quedate a dormir conmigo, y no es un impedimento que tengas novio” en una habitación miserable de espacio y ocupada por otros seis hombres no puede ser otra cosa que un acto de humillación por parte del acosador para validarse como macho respecto a sus amigos, para validarse a través del acoso y la agresión sexual. Nuestra amiga quedó –como ella misma expresa- incómoda y paralizada, y ese hecho como ya lo dijimos no debería tener lugar en un congreso sobre trata y tráfico. Tampoco creemos que haya sido útil hablar con el acosador para que pida disculpas ni nada; una mentalidad invasora y violenta no cambia de una noche a la mañana. Pero le deseamos suerte –aunque con poca esperanza-  en su proceso de cuestionamiento a sus actitudes y posturas sobre la violencia machista.
Hemos recibido varios mensajes y llamadas de integrantes de organizaciones juveniles de Tarija, una de las primeras acciones que han tomado ha sido redactar un pronunciamiento en contra de lo sucedido, pero creemos que más valioso que cualquier papel firmado es despertar el interés de estas organizaciones para empezar a trabajar el tema de la violencia machista al interior de sus bases, de sus integrantes y de los dicen representarlos.

Besos para todos y todas.

Por “Marica y marginal” (Christian Eguez), activista de la disidencia sexual. 

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