Ecoturismo comunitario, resistencia amazónica

Por: el 11 enero, 2018

Hace más de dos décadas la región amazónica de Rurrenabaque, San Buenaventura, San Miguel del Bala y el Chepete atravesaban por una época en la que sus comunarios y habitantes en general dedicaban sus energías a la actividad pesquera, la explotación de madera y la caza de animales. Esas eran las principales actividades económicas para ganarse la vida.

La declaración como Parque nacional y área natural de manejo integrado al Madidi (varias veces portada de National Geographic, catalogado como uno de los últimos baluartes de la naturaleza y la vida silvestre del mundo) y como Reserva de Biósfera y Tierra Comunitaria de Origen al Pilón Lajas, dio un vuelco radical a las actividades económicas de los pobladores de aquel pedazo de verde boliviano exuberante. Ante ese cambio de paradigma surge el ecoturismo comunitario, y guarda un sinfín de historias y situaciones que nos dejan en claro que ha sido la actividad con la que esta hermosa región del país ha demostrado que se pueden generar procesos de desarrollo acorde a nuestras intenciones de conservación y respeto a la madre tierra y por ende a los derechos humanos de quienes habitan y son dueños directos de aquellos espesores de selva amazónica.

Las mujeres han acompañado el proceso de desarrollo del turismo en la región y suelen ser las  primeras transmisoras de los valores del cuidado y la conservación del medio ambiente. En las más jóvenes prevalece el sueño de seguir mejorando la calidad de este servicio ofrecido a propios y extraños, tal es el caso de Camila Nay, descendiente tacana, mujer joven, llena de sueños y metas, acostumbrada a dar entrevistas, siempre sonriente y creativa, cuando visitamos su casa ella misma sugirió la locación exacta para nuestra conversación. “Quiero que sea aquí, de fondo las montañas, allí se ve el Bala, se ve muy bonito”, nos comentaba mientras acomodábamos la grabadora y afilábamos el lente para filmarla y fotografiarla entre una escenografía natural envidiable, hermosa, y con animalitos merodeando curiosos nuestras intenciones periodísticas.

Camila es estudiante de turismo en la UAB (Universidad Autónoma del Beni) instalada en Rurrenabaque, y como ella varias jóvenes deciden formarse en esa carrera para seguir construyendo el desarrollo y la profesionalización del ecoturismo comunitario. Por tal razón muchos jóvenes, de varias comunidades indígenas dejan por un tiempo sus hogares para salir hasta “Rurre” o La Paz y empezar una carrera con el objetivo de volver a sus regiones con mucho por aportar, regresan con mayores ideas, con el idioma inglés listo para programar visitas guiadas, y conocedores de los movimientos administrativos para formar parte de algún albergue turístico-comunitario de la región.

“Para tener un emprendimiento comunitario ha sido fruto de un gran esfuerzo, hace muchos años nuestros padres, madres y tíos pasaron día y noche adecuando el territorio para los turistas, eran jornadas de trabajo sin comer y sin paga. Ellos han puesto la mano de obra, y a las jóvenes nos toca formaros como profesionales para darle una continuidad al proyecto” – indica.

Camila sabe que su futuro depende del turismo comunitario y que su formación en la universidad tiene un valor más allá de un cartón que la acredite como profesional. Entre sus preocupaciones se centra en que todos los sacrificios y esfuerzos de muchas familias de la comunidad para apoyar a sus jóvenes en la formación en turismo sean en vano: hace varios años se viene generando un debate colectivo sobre las intenciones de construir un par de represas en la región, como parte del proyecto Hidroeléctrico Bala-Chepete y que pondría en jaque a todo lo que hasta ahora se ha logrado hacer para convertir al turismo en la principal arma contra la pobreza, sin afectar al medio ambiente y respetando la armonía entre los pobladores y la madre tierra.

Transportando las frutas, en el inmenso Río Beni

Camila se siente agradecida de que su familia cuente con una casa en ‘Rurre’ para que ella pueda estudiar con tranquilidad y no realizar todos los días el viaje en barco, pero la situación de muchos otros y otras es distinta; no todos tienen su propia embarcación, el camino desde la comunidad hasta el pueblo puede ser riesgoso cuando el imponente Río Beni sube sus caudalosas aguas, y a eso se le suman varios factores más. Pero Camila habla con orgullo -que lo demuestra con sonrisas- sobre el territorio donde vive, nos cuenta que todo lo que necesitan para vivir lo tienen ahí mismo, desde el maíz, arroz, el jugo y la miel de caña para endulzar el café, así también la carne de pollo y cerdo para la comida. Las dificultades de no contar con postas sanitarias u hospitales donde puedan atenderse los dilemas de la salud, son un punto a desfavor.

“Decidí estudiar turismo por San Miguel del Bala, no es justo que exista riesgo de que todo esto se pierda o seamos trasladados, qué mejor ver a los jóvenes de la comunidad puedan estudiar y dedicarse al turismo, aprender inglés y seguir construyendo el desarrollo de nuestro hogar” – Así relata Camila el asunto de la posible hidroeléctrica, y hace énfasis en que desde hace poco integra la Mancomunidad de comunidades, conformada por 17 puntos comunitarios, y desde ahí impulsa su postura crítica hacia el megaproyecto gubernamental. “Queremos que nos den soluciones, no solamente nos propongan darnos algo a cambio de una firma, si nos van a tener que trasladar me gustaría que nos digan dónde será ese traslado, no queremos que nos vengan a mentir, es un peligro total vivir alrededor de una mega represa” – indica.

Camila sabe que estudiar turismo es remar contra la corriente, el enorme bajón del flujo de visitantes a Rurrenabaque lo relaciona con una actitud por parte del actual gobierno, que se encuentra empeñado en la construcción del proyecto hidroeléctrico y que de manera premeditada ha realizado una serie de medidas que afectaron la llegada de turistas hasta esa región.

Para llegar hasta el hogar de Camila hemos hecho un viaje de casi cuarenta minutos en barco desde Rurrenabaque hasta la comunidad de San Miguel del Bala, fue ahí mismo donde hablamos con Don Alfredo, su papá. Con él pudimos conversar sobre el admirable proceso socio-económico por el que muchas familias como la suya tuvieron que pasar en ese entonces. Actualmente las actividades que realizan juntos y juntas a diario es atender a turistas, investigadores, periodistas y curiosos que asoman el interés de saber cómo en tan poco tiempo Rurrenabaque y las posibilidades turísticas que desde allí se proyectan se convirtieron en lo que ahora conocemos como La perla del Beni, un título bien ganado y ahora en completo riesgo.

Don Mario, nuestro guía y transportista pluvial

A nuestro equipo, conformado por tres personas, le llevó la inquietud por conocer una realidad de la que -desde una mirada limitada por la agenda citadina cruceña- sería fácil afirmar que sale de nuestros intereses. Sin embargo es todo lo contrario: la familia de don Alfredo no es la única que se dedica a las actividades turísticas, sino que se trata de un medio de vida y una actividad generalizada en la región, dependiente de cientos de familias y emprendimientos de todo tipo que han hecho de “Rurre” la puerta de ingreso hacia un enorme paraíso que constituye una de las zonas con mayor potencial turístico, ecológico y científico de nuestro país.

Dando cuenta de esa riqueza, esa magia amazónica, y ante la situación de ya no poder cazar, talar o vender pieles, las comunidades indígenas alrededor del Bala y el Chepete centraron sus esfuerzos para crear un circuito económico en torno a lo que ya hemos mencionado como ecoturismo comunitario. Una lógica económico-turística que cambió la manera de ver la naturaleza y el trato directo entre sus pobladores, e inclusive cambiaron los hábitos gastronómicos y alimenticios, todo con el objetivo de abrirse posibilidades económicas y al mismo tiempo reafirmar el compromiso histórico que los indígenas de tierras bajas tienen con el bosque, su cuidado, su belleza y el uso racional de sus recursos. En este punto entramos en el nudo de nuestra visita, un asunto que se encuentra en boca de la mayoría de los habitantes de la región como el proyecto hidroeléctrico Bala-Chepete, que pretende la construcción de un par de represas, una en ambos puntos, y que según sus detractores y detractoras, como Camila, vendería a cambiar las actividades turísticas amigables con la naturaleza para pasar a convertirse en una región productiva , afectando no sólo en un cambio de paradigma como hace dos décadas, en las que las comunidades tuvieron que adaptarse a la actividad turística, sino también los llevaría correr el riesgo de desaparecer por completo en usos y costumbres, formas de organización, visión de vida, relacionamiento con el medio ambiente, etc. actualmente el proyecto sigue en etapa de estudio, con el permiso de las comunidades y bajo el ojo sigiloso de quienes miran con ciertas sospechas cada movimiento de la empresa ENDE y la italiana Geodata, ambas en representación del Estado para el proyecto hidroeléctrico.

El espesor de la selva, anunciando una lluvia

Muchas cosas levantan preocupación en esta región, sobre todo el riesgo de que alrededor de 18 comunidades indígenas puedan ser trasladadas, ya que sus territorios vendrían a formar parte de la superficie de embalse causada por las represas; y la afectación de 15 albergues ecoturísticos entre el eje del Madidi-Pilón Lajas-Yacuma y sobre todo a cuatro emblemáticos, por haber sido los pioneros en la actividad, como es el caso del Chalalán un albergue impulsado por los uchupiamonas, el de San Miguel del Bala, el de Villa Alcira y el que funciona bajo la administración de los chimanes y mosetenes de Asunción del Quiquibey.

Río Beni, dos embarcaciones se encuentran

“Rurre y toda esta región han pasado por varias épocas y actividades económicas, desde la goma, la quima, la venta de pieles, y la madera. Luego nos decretan que el Madidi se vuele un parque nacional y los guardaparques empiezan a proteger el bosque de nuestro trabajo de caza y pesca, ese tiempo hubo mucha preocupación, y quienes decidimos no migrar y soportar esa crisis vimos el ejemplo de un par de empresas que ya tenían guías de turismo trabajando en la zona, una de ellas se llamaba Pluvial tours y el Chalalán, con ellos nuestra gente empezó a prestarse como guía y conductores, y así íbamos aprendiendo sobre el tema mientras descubríamos qué cosa era el medio ambiente” – Comenta Don Alfredo, papá de Camila, mientras la enorme sombra de un árbol, una mesa de madera, unas bancas construidas bajo una estética rústica y atractiva, el ruido del imponente Río Beni, son testigos de nuestra conversación.

Al retirarnos de esa conversación fuimos testigos de la visita de un par de turistas estadounidenses que llegaron hasta la casa de la familia Nay, para hacer jugo de caña en el enorme trapiche construido en el patio lateral del terreno. Los visitantes fueron atendidos por Doña Benita, esposa de Don Alfredo y una mamá orgullosa de su hija. Una familia adorable, que dispusieron de su tiempo y su hermoso hogar para dialogar con nosotras y avispar las ideas y el indiscutible sentimiento de trabajar por la conservación de nuestros bosques.

Haciendo el jugo de caña, casa de la familia Nay

Pero antes de encontrarnos con la amabilidad de la familia Nay, habíamos visitado el centro de la comunidad de San Miguel del Bala, en busca de quien fue la primera y hasta ahora la única autoridad mujer de la región, Doña Deysi Viki que ejerció como Corregidora de la comunidad en la gestión 2016. Las personas que nos llevaron hasta ella, entre hombres y mujeres nos transmitieron en su mayoría opiniones positivas sobre la gestión de la primera mujer corregidora de la comunidad, pero al enterarse que uno de los temas de interés era conversar sobre el proyecto hidroeléctrico, sobre todo las mujeres que estaban presentes, tuvieron una pequeña reunión para exigir medidas de seguridad con las actividades de reporteo y entrevistas que cualquiera del equipo realizara. La susceptibilidad y la desconfianza ante el asunto eran evidentes y se debe a que han sido varias las ocasiones que se han sentido engañados en procesos de consulta o en el firmado de listas que luego pueden convertirse en aval para justificar decisiones colectivas fraudulentas.

Comunidad de San Miguel, familia a la salida de la escuela

Aclarado el asunto llegamos hasta la casa de Doña Deysi, la encontramos lavando el piso de su hogar, una casita modesta pero bien ordenada, con una radio pequeña amenizando las actividades de limpieza bajo un techito que nos protegía de la leve chilchina que caía ese día y que de pronto se convertía en un sol radiante que nos cubría el cuerpo con un caluroso abrazo. La entrevista es contundente desde el principio, destaca que la experiencia de haber sido corregidora fue buena, y que hombres en ese cargo ya habían sido muchos. “Las mujeres podemos tener este tipo de autoridad, siempre nos han dicho que no, pero es mejor ver la realidad, y aunque manejar una comunidad es muy difícil teniendo que dejar la casa, al marido y a los hijos por ir a una reunión, aun así hay que animarse; siempre hay cosas qué hacer, cuesta mucho pero valió la pena, ahora las mujeres participan y alzan la voz más que antes. Una de mis formas de trabajar era ver que los hombres no sean machistas” – así inicia Doña Deysi, y rescata el valor de vivir en la comunidad, la capacidad de producir el alimento y la amistad entre sus comunarios.

Sobre la posible hidroeléctrica comenta que su posición no es de oponerse al desarrollo de la región siempre y cuando se socialicen los resultados del estudio en cuanto a la seguridad del territorio, las familias, de sus casas y la naturaleza. Si en un caso tendrían que ser trasladados indica que eso tendría que darse con las garantías suficientes para asegurar el bienestar de todos, pero que aún así sería muy triste pensar en ser trasladados.

Doña Deisy, en su casa, conversando amablemente

Estas perspectivas sobre el tema, entre la de Camila, Don Alfredo y de Doña Deysi se conectan en un punto: el respeto a la dignidad y la soberanía del territorio que han habitado, defendido y cuidado hace tantos años, donde el ecoturismo comunitario ha sido un pieza clave para seguir habitando la selva con armonía y sostenibilidad.

En 1981 el turista israelí Yossi Ghinsberg quedó atrapado en el Madidi durante 21 días, fue rescatado precisamente por guías comunitarios conocedores de los senderos más extenuantes de la selva (habilidad adquirida sobre todo por los indígenas tacanas, mosetenes, chimanes, uchupiamonas y ese’ejas), ese hecho fue registrado en un libro de su autoría y luego en una película. El primero atrajo a miles de visitantes con la intensión de vivir las aventuras de Yossi y explorar la inmensidad de la selva. La demanda masiva de visitantes fue satisfecha para el albergue turístico Chalalán y varios otros. Actualmente el gobierno boliviano, impulsado por la coyuntura política internacional ha declarado al Estado Israelí como terrorista y exigido de visa para sus ciudadanos, eso ha bajado rotundamente la presencia de israelíes y turistas de otros puntos, que con la poca inversión en infraestructura, como el aeropuerto que no reúne las condiciones mínimas para las aerolíneas, una carretera Trinidad-Yucumo en proceso de construcción hace tantos años sin avances visibles, y con la casi nula promoción por parte del Ministerio de Culturas y turismo a favor de Rurrenabaque han hecho que cada vez lleguen menos visitantes de otras partes del mundo y que todo el movimiento que antes se generaba sean hoy solamente un bonito recuerdo de la otrora Perla turística del Beni.

Avenida principal, Rurre

Como muestra de esto queda en nuestra memoria el cuasi Rally Dakar vivido por la carretera en el tramo Trinidad-San Borja-Yucumo vivido por el equipo periodístico, que con la lluvia encima convierte el camino en un lodazal capaz de generar resbalones automovilísticos, golpazos contra las orilleras del camino rebosadas de tierra removida, trancarse en medio camino una y otra vez, empujar el auto, pisar el suelo con los pies descalzos, embarrar las piernas y hasta la cara, humedecer la ropa pero nunca las ideas.

Conductor empujando el ‘trufi’. Carretera Trinidad-Yucumo

Estos puntos de discusión los conversamos con Alex Villca Limaco, una de las voces más contundentes contra el proyecto hidroeléctrico y que se ha ganado las rabietas de varias autoridades del poder gubernamental por generar precisamente una serie de argumentos en defensa de la actividad turística. Alex es egresado de la facultad de turismo de la UMSA (La Paz), es descendiente quechua-tacana por parte paterna y chamán de parte materna, nacido en la comunidad indígena Uchupiamonas, ubicada en el corazón del Madidi, y fundador del albergue Madidi Jungle –Ecolodge.

Nos indica que hablar de cultura, de identidad y la mantención de las prácticas ancestrales está muy ligada a las actividades turísticas, así como el conocimiento del bosque y todo lo que este oculta, sus capacidades medicinales, sus ritmos y otras virtudes que tienen un valor más allá del dinero o cualquier noción de desarrollo.

“Para San José de Uchupiamonas el proyecto Chalalán ha sido denominado un sueño hecho realidad, un proyecto que fue apoyado por el Banco Interamericano de Desarrollo y que inició a capacitar a la gente para poder ofrecer todas las posibilidades de seguridad y comodidades de quienes visitan el Madidi a través de Rurrenabaque o San Buena Aventura, y así surgieron otras empresas para brindar experiencias de conocer la selva y el bosque completamente  virgen, en estado natural y puro” – nos narra Alex, en plena costanera de Rurrenabaque, en un pequeño parque bastante atractivo y con una lluvia feroz dando melodía a las historias contadas.

Cuando visitamos a Alex en las oficinas del Madidi Jungle, no dudó ni un segundo en aceptar la entrevista. Su capacidad de palabra es ideal para afrontar el problema en cuestión, narra cada historia y plantea todos sus argumentos con seriedad y contundencia.

Junto a Alex, conversando con nosotr@s en plena costanera

Para el experto en ecoturismo el bajón de visitantes se viene registrando con mayor crudeza desde hace tres años, y se debe a una serie de desatenciones por parte de los tres niveles de gobierno, para justificar la muerte de la actividad turística en la región y tener vía libre para la posible construcción del proyecto hidroeléctrico Bala-Chepete.  Alex considera que el turismo está estancado debido a las intenciones de cambiar la actividad económica de la región hacia otro paradigma, tanto así que la misma alcaldía, administrada por el partido oficialista, se refiere a Rurrenabaque no como un municipio turístico sino como uno productivo.

Siempre atinado en sus palabras, Alex sugiere una actitud autocrítica y reflexiva, y afirma que los cambios son necesarios en la vida, pero esos cambios no pueden presentar desafíos a una actividad que estaba concentrada en la conservación de las áreas protegidas para luego hacer todo lo contrario; depredar el territorio para construir un ingenio azucarero innecesario o construir una enorme represa también innecesaria. “Me quedan muchas dudas de lo que se nos está ofreciendo, los indígenas difícilmente vamos a poder participar de esa cadena productiva, no estamos preparados en profesión y conocimiento, podríamos trabajar como mano de obra en un principio; cortando, talando, haciendo brechas, pero luego dónde vamos a quedar, dónde vamos a quedar los indígenas, cuál va a ser el lugar que vamos a tener los indígenas en ese proceso, en ese cambio de actividades que van desde la minería, el petróleo hasta la apertura de grandes carreteras” – comenta.

Los indígenas ese’ejas suelen vender plátano a las orillas del Río Beni

Fue bastante enriquecedor llegar hasta la amazonia, ilustrase de las miradas más diversas sobre cómo entender el ecoturismo comunitario, sus fortalezas y fragilidades, su convicción incuestionable de tener un efecto multiplicador y no así un efecto de acumulación de riqueza individual, es decir generar ingresos que se dispersan entre distintos sectores y servicios de transporte, hospedaje, gastronomía, banca, comunicación y salud. Un efecto que a la larga puede conservar los recursos naturales ante la noción de desarrollo, asegurando la vida plena en la selva, los reservorios de agua dulce y la riqueza de la fauna y la flora como centro importante de la biodiversidad.

40 minutos de viaje en catraya o barco dejan postales hermosas

Entre las miradas menos sospechadas contra el proyecto hidroeléctrico y que resuena en el corazón y la preocupación de los comuneros  da cuenta que además de los traslados que podría ocasionar la construcción de las represas y el atentado contra el medio ambiente y la salud también se trata de una serie de intereses de extracción de los recursos naturales que abundan en el estrecho del Bala y el Chepete produciendo así el tráfico ilegal de animales, extracción de oro, contaminación de las aguas, afectación a la riqueza floral y arqueológica, etc.

Son temas para reflexionar, investigar y generar una posición, y los habitantes de la región lo saben. Es inevitable pasar desapercibida la preocupación y las sospechas hechas hábitos de todos los días para quienes habitan esa región, uno se da cuenta de tan sólo sentarse a comer un chicharrón de pescado con vista a la costanera y percibir la incomodidad generada en la gente al asomarse las camionetas que transportan a los funcionarios de la empresa que realiza el estudio, o cuando se visita un local de diversión nocturna, casi desérticos, y con su personal dispuesto a contar paso a paso la situación actual de sus economías y el ánimo por seguir resistiendo y defendiendo el turismo como un medio de vida y una herramienta de lucha.

Este producto periodístico es resultado del proyecto ‘Recolectoras de historias’ (ejecutado por el Centro San Isidro), a la cabeza de la investigadora social Julia Dolores, la comunicadora Jessica Justiniano y el apoyo periodístico del activista Christian Eguez.

En seguida una galería fotográfica para convencernos de lo hermoso que puede ser visitar Rurrenabaque y todo el verde que lo rodea. Al final un documental sobre el tema. 

Recorrer La Costanera en moto, infaltable

Una estética frecuente en los bares y restaurante en ‘Rurre’

Paneles solares, de fondo la comunidad de San Miguel

El Río Beni, saluda verde e imponente

 

Transporte de caminiones en potones, atractivo de carretera, Río Mamoré

 

Disfrutando del paisaje. La Costanera

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